Movimiento Ciudadano remite un informe a la UE en el que exhibe las causas y consecuencias del progresivo deterioro ecológico de la laguna. La Comisión Europea de Medio Ambiente se plantea multar a la Comunidad
DANIEL VIDAL/MURCIA

MEJOR NO PISAR. Zona próxima a la desembocadura de la depuradora de Los Alcázares. / ANTONIO GIL / AGM
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Playas convertidas en lodazales, medusas sustituyendo a caballitos de mar y ganas de vomitar más que de darse un chapuzón. Es el triste panorama que presentan determinadas zonas del oeste del Mar Menor, las más alejadas del agua nueva que aporta el Mediterráneo en su misión de regeneración, y que están alcanzando un preocupante nivel de degradación como consecuencia del incremento de materia orgánica procedente de vertidos urbanos, industriales y agrícolas.
La Verdad acompañó ayer a dos integrantes de Movimiento Ciudadano, partido que ha denunciado la situación ante la Unión Europea, en un recorrido por los puntos fuertes del continuo ataque que sufre, desde la década de los sesenta, una de las joyas de la corona del medio ambiente murciano. La caminata se realiza con el permanente riesgo de que el zapato se pueda quedar anclado en un charco de fango que hace las veces de lo que, antiguamente, era una orilla de arena. Enseguida aparece el principal causante del gran estercolero en el que se ha convertido la playa de la Bocarambla, en Los Urrutias: la desembocadura de la depuradora de Los Alcázares, que en verano se ve desbordada y arroja sin pudor cantidades ingentes de aguas fecales sin tratar. A pocos metros, cerca de la llamada Torre del Negro, el secretario de organización de Movimiento Ciudadano, Ángel Sánchez, muestra un verdadero río de aguas que nacen em campos de cultivo. Agua que contiene restos de fertilizantes, compuestos químicos y otros elementos contaminantes que, directamente, van al Mar Menor, a la misma zona donde el año pasado murieron cientos de peces.
Otra de las paradas de la expedición se realiza en el puerto de Los Urrutias, muy cerca de donde Profusa levanta una nueva urbanización. La visión aquí es, cuanto menos, dantesca. Toneladas de detritus, en las que hacen su agosto miles de insectos, comparten papel protagonista con las familias que se bañan al otro lado del espigón. En todas estas zonas, evidentemente, el baño está prohibido, pero eso no impide a algún valiente enfundarse el equipo de buceo para dar un luctuoso paseo submarino entre latas de refresco oxidadas que flotan en el lodo salado.
Manjar para las medusas
Los vertidos irregulares procedentes de los núcleos residenciales y de las actividades agrícolas e industriales, que son el pan de cada día de la gestión de los residuos en esta zona del litoral, causan un fuerte aumento de materia orgánica en la laguna. A los ojos del hombre, una verdadera guarrería. Para las medusas, invasoras sin resistencia del Mar Menor desde hace dos años, esa guarrería representa un auténtico manjar difícil de rechazar y un reclamo extraordinario para los millones de invertebrados urticantes que se alimentan de estos desechos.
En general, y barajando todos los factores que convergen en la contaminación de este emblemático lugar de la costa murciana, expertos en Medio Ambiente vaticinan un mar muerto en menos de veinte años «si el ritmo de vertido y de degradación continúa a esta velocidad y nadie le pone freno», según destacó ayer un técnico consultado por este periódico
Así se refleja además, con todo lujo de detalles y fotos que deberían sonrojar a más de uno, en el extenso informe que Movimiento Ciudadano ha enviado a la Comisión Europea de Medio Ambiente para denunciar la situación de una de las lagunas saladas más peculiares y estudiadas del mundo. Lo hacen, según el portavoz de la formación política, «porque llevamos tres años presentando mociones, formulando denuncias y proponiendo medidas de choque que han sido respondidas con indiferencia o promesas incumplidas. Eso, cuando nos han respondido».
Movimiento Ciudadano se ha dirigido, en estos últimos tres años, al equipo de Gobierno de Cartagena, a la Comunidad Autónoma y al Ministerio de Medio Ambiente «sin haber obtenido respuestas o soluciones a un problema que empieza a ser muy grave y que parece no importar a los responsables de aplicar los correspondientes remedios». La pelota está ahora en el tejado de la Unión Europea, inflexible en materia medioambiental y que ya ha anunciado que estudiará el caso.