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Realidad Regional

Luis Carlos García Conesa*

Casi un cuarto de siglo después de la aprobación del Estatuto de Autonomía de la Región de Murcia no tengo la menor duda de que se ha consumado el fracaso institucional más estrepitoso, vislumbrado ya desde los comienzos por muchos de los que considerábamos que este proyecto murciano de meter con calzador una nueva e inventada comunidad en el pujante Estado de las Autonomías no tendría los resultados esperados por los eruditos de la murcianidad. Los datos son clarificadores y confirman este extremo: los habitantes de esta Región son los que menos sentimiento autonomista poseen de las 17 comunidades autónomas.

No sé si esta situación hará recapacitar a los políticos regionales de que hay que dar un giro radical a cómo se están llevado las cosas hasta ahora, aunque por el momento no se aprecia desde sus estrados de diputados y gobernantes regionales ni el más mínimo atisbo que haga pensar que bajarán a la realidad social regional.

Y es que el error se fraguó desde los mismos inicios de la constitución de esta Comunidad, y se sigue manteniendo con premisas artificiosas y con imposición de unos arquetipos que nada tienen que ver con la rica realidad histórica y cultural de toda la Región.

No tener en cuenta la diversidad regional y fraguar este elemento como eje de la nueva comunidad ha sido a mi juicio el error más grave. Desde el inicio se ha sometido a toda la Región a un centralismo asfixiante por parte de la Murcia capital, todo los elementos de simbología e identidad regional han fluctuado en torno a ésta y su Vega. Desde el mismo nombre de la Región, que se confunde con el de la capital: hasta el fagocitismo centralizador que ha hecho que en estos años la ciudad de Murcia se convierta en la séptima de España, lo que por otro lado sería loable de no ser porque ha sido a costa del resto de la región (la ciudad de Murcia concentra más del 55% de los equipamientos públicos de toda la región, según estudios de la Universidad de Murcia), y ha absorbido cerca de la mitad del presupuesto regional desde la constitución autonómica.

Nunca se han tenido en cuenta las voces que han pedido una mayor autonomía comarcal (nunca se han desarrollado las Comarcas como promulga el Estatuto de Autonomía); no ha habido proporcionalidad entre inversión presupuestaria y habitantes, ni descentralización administrativa; se tacha de separatistas a los que pedimos la biprovincialidad de la Región, aun cuando es positiva para todos. Y con todo esto, ¿cómo quieren que nos sintamos identificados con este despropósito de región? Están consiguiendo el efecto contrario.

Confío en que quede un mínimo de raciocinio en los políticos actuales y se pueda abordar el necesario debate social sobre la modificación del Estatuto de Autonomía aprovechando la coyuntura estatal, y entrando de lleno en temas que hasta ahora han sido tabú en la Región: cambio de denominación, biprovincialidad, desarrollo comarcal, proporcionalidad presupuestaria, pluralidad política en la Asamblea...

Pero mucho me temo que si los ciudadanos no damos una repuesta contundente, en los libros de texto se estudiará una Región que nació a partir de Alfonso X el Sabio, seguiremos viendo vergonzosas campañas publicitarias regionales con sloganes de «Murcia Turística» o ridículos programas de exaltación murciana como «¿Murcia qué hermosa eres!», con La Parranda de fondo, el panocho como idioma oficial y la Virgen de la Arrixaca como nuestra patrona...; ahora bien, nos tendrán permanentemente en contra.

*Concejal Portavoz del Grupo Municipal del Movimiento Ciudadano por Cartagena.

   
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